Una fe sin parcialidad
Lectura: "Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas." — Santiago 2:1
Vivimos en un mundo que constantemente clasifica a las personas por su apariencia, su profesión, su posición económica o su influencia. Sin darnos cuenta, podemos comenzar a hacer lo mismo. Sin embargo, Santiago nos recuerda que una fe genuina no hace distinción entre personas, porque así es el corazón de Dios.
Cuando Cristo nos recibió, no lo hizo porque fuéramos importantes, sino porque nos amó. Si hemos recibido una gracia inmerecida, ¿cómo podríamos negar ese mismo amor a otros?
Hoy vale la pena preguntarnos: ¿Estoy viendo a las personas con los ojos de Jesús o con mis prejuicios?
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