LA CORROSIÓN DE LAS RIQUEZAS
“Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros…” Santiago 5:2-3
Las riquezas pueden parecer permanentes, pero Santiago nos recuerda que todo lo que acumulamos en esta tierra tiene un fin. La comida se pudre, la ropa se desgasta, el oro pierde su brillo y las posesiones finalmente desaparecen.
El problema no es tener riquezas, sino poner nuestra confianza y esperanza en ellas. Podemos pasar toda nuestra vida acumulando cosas que un día tendremos que dejar atrás.
Jesús dijo: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen… sino haceos tesoros en el cielo…” Mateo 6:19-20
Lo que acumulamos en la tierra puede desaparecer, pero lo que invertimos para la eternidad permanece.
Hoy preguntémonos: ¿Dónde está mi tesoro y dónde está mi corazón?
No vivamos para acumular lo que un día dejaremos atrás. Vivamos para invertir en aquello que nos espera en el cielo.
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