CUANDO LA IMPACIENCIA HABLA
“Hermanos, no os quejéis unos contra otros… he aquí, el juez está delante de la puerta.” Santiago 5:9
¿Cómo sabemos cuando estamos perdiendo la paciencia? Santiago nos muestra una de las señales: comenzamos a quejarnos y a desquitarnos con los demás.
Cuando estamos bajo presión, es fácil que nuestro dolor termine convirtiéndose en enojo. Podemos comenzar a hablar mal, sospechar de otros, guardar rencor o tratar mal a quienes nos rodean. Pero Santiago nos recuerda: “El juez está delante de la puerta.” En otras palabras: Cristo viene. ¡Espera un poco más! ¡Aguanta un poco más! ¡Permanece firme!
También nos advierte que cuidemos nuestras palabras. Nuestro “sí” debe ser sí y nuestro “no” debe ser no.
Cuando estamos sufriendo, también podemos caer en la tentación de hacer promesas impulsivas a Dios:
“Señor, si me ayudas con esto, haré esto otro.” “Si sanas a mi familia, nunca volveré a faltar a la iglesia.”
“Si me das este trabajo, te prometo que cambiaré.”
Pero Dios no quiere que nuestra relación con Él esté basada en negociaciones hechas en momentos de desesperación. Él quiere que confiemos en Él aun cuando no entendamos lo que está haciendo. “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.” Eclesiastés 5:5
La impaciencia puede afectar nuestras palabras, nuestras relaciones y nuestra confianza en Dios.
Por eso, cuando la espera se haga difícil, cuida tu corazón y cuida tu boca.
No permitas que una prueba temporal produzca heridas permanentes en tus relaciones.
Recuerda nuevamente al agricultor: después de sembrar viene una temporada de espera, pero también viene una cosecha. Quizás hoy estás en la temporada de espera. No sabes cuánto falta, pero Dios sí lo sabe.
Él no trabaja según nuestro reloj. Él trabaja según su perfecto tiempo.
Confía. Permanece firme. Espera con paciencia. La cosecha viene.
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